El alimento como señal del reino de Dios

Unirnos entorno a la mesa para compartir un alimento es práctica central en la manera como la tradición cristiana celebra su fe. Al hacerlo, los creyentes evocamos las palabras de Jesús quien, anticipando su muerte, ofrece pan y vino a sus seguidores diciéndoles: “coman y beban éstos son mi cuerpo y mi sangre ofrecidos por ustedes”.  Al tiempo que coloca su sacrificio en el contexto de la esperanza del mundo nuevo por venir: “No beberé más vino hasta que lo beba nuevo en el reino de Dios”[1].

En este contexto, el alimento como señal del reino de Dios tiene varios significados: afirma el amor incondicional de Dios por la humanidad que requiere tanto del perdón como de la solidaridad divina. También es una manifestación del espíritu de hermandad de quienes comparten el pan. El alimento que Jesús ofrece es señal del desprendimiento de quien está dispuesto a sacrificar su vida para poder salvar la de otros. También es fuente de esperanza en una nueva realidad, comprendida en el contexto de la fe cristiana como el reino de Dios.

El alimento es elemento central en la celebración cristiana de la cuaresma, presente en la celebración de la cena con la que Jesús anticipa su sacrificio por amor a la humanidad, como se ha dicho, pero ausente en la práctica del ayuno voluntario, ejercicio que prepara al creyente para profundizar su relación con Cristo.

Aquí es el momento de reflexionar sobre la realidad de un mundo en el que muchas personas son privadas del alimento necesario, no por voluntad propia, sino por  dinámicas políticas, económicas y sociales que concentran la abundancia de recursos, incluido el alimento, en un sector de la población mientras otros padecen el flagelo del hambre.

En América Latina se desperdician 348.000 toneladas de alimentos al día, 127 millones de toneladas al año, lo que representa el 15 % de sus alimentos disponibles. Al tiempo que 34,3 millones de personas -5,5 % de la población- pasan hambre (cifras de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura FAO para el año 2017, publicadas en línea por la BBC)[2].

En el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la Meta 1 del Objetivo 2 define que para el 2030 se aspira a: “Terminar con el hambre, asegurando el acceso universal, particularmente de los pobres y de las personas en condiciones de vulnerabilidad, incluidos los infantes, a comida segura, suficiente, nutritiva y disponible a lo largo de cada año”.

Afirmar la esperanza en el reino de Dios como nueva realidad, también tiene que ver con la transformación de las condiciones en las que se priva del alimento a las personas en situación de pobreza y vulnerabilidad.

Revisar los comportamientos personales de consumo, así como el asumir un compromiso en apoyo a políticas económicas y sociales que conduzcan a superar los desequilibrios en la distribución de los recursos vitales, incluido el alimento, es consecuente con todo aquello que se evoca en la cuaresma: espíritu de solidaridad y disposición para el sacrificio por amor a otros seres humanos. Al tiempo que se afirma la esperanza en nuevas realidades, reino de Dios, en las que el pan se garantiza para todo el mundo.

Rev. Eduardo Martínez – Coordinador Nacional Iniciativa Despertando al Gigante_Colombia

[1] Evangelio Según San Marcos 14: 22-25.

[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-40674408 Consultado en Abril 5 de 2019.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *