La religión conversa sobre ambiente en Bogotá

Desde hace 13 años algunas organizaciones ecuménicas se sientan a dialogar libremente sobre su forma de ver y honrar el Planeta Tierra y cooperar para el mejoramiento del ambiente en Bogotá, la ciudad capital de Colombia. En este territorio biodiverso se discierne sobre el cuidado socioambiental y la manera de proteger el entorno que cuenta con 15 humedales equivalentes a 727 hectáreas, 200 especies de fauna, 480 cuerpos de agua como ríos, quebradas, canales, humedales, lagunas y pantanos. Esta iniciativa ecológica tiene el nombre de MESETI – Mesa Ecoteológica Interreligiosa de Bogotá D.C., haciendo alusión a que la mesa de diálogo es la meseta ubicada sobre la Cordillera de Los Andes, que hospeda a la ciudad región. La MESETI  se conformó en el año 2008, inicialmente con el apoyo de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, para que posteriormente en el año 2014 la Arquidiócesis de Bogotá avalara el proyecto y respaldara la coordinación en cabeza del Diácono Permanente Alirio Cáceres Aguirre; siempre acompañados por la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA).

La labor de la MESETI va más allá del discernimiento individual y colectivo de las organizaciones que la conforman, pues se considera que las religiones y espiritualidades tienen un carácter transformador y son agentes influyentes en la sociedad, por lo tanto, su papel en la preservación del ambiente es indispensable cuando en sus creencias se promueve el respeto por la vida, el amor hacia la otredad y el buen actuar. “Es importante resaltar el efecto multiplicador de las religiones y sus agentes ante una ciudadanía creyente” expresa el diácono Alirio refiriéndose al rol trascendental y con gran alcance que tienen las y los promotores de fe.

Actualmente el mundo y especialmente aquellos países que no viven un conflicto interno o externo, se encuentran ante una fuerte preocupación por el calentamiento global y su impacto negativo sobre la humanidad, mientras tanto, aquellos países que sí están en conflicto tienen una actitud mayor de indiferencia, pues sus esfuerzos están puestos en otros asuntos sociopolíticos. A nivel mundial se ha encontrado que la intranquilidad por el cambio del clima y la pérdida de biodiversidad preocupa más a la población que hechos como la discriminación, la desigualdad, la escasez de alimentos y la violencia o los conflictos. Además, gracias a la encuesta The world in 2030 (El mundo en 2030), se descubrió que es mínima la población que mantiene esperanzas de que el mundo pueda resolver el problema del cambio climático y lo plasman como una crisis de fe en la eficacia que tienen los países para lograr una sostenibilidad ambiental.

Es trascendental que el mundo, y en este caso Bogotá y Colombia, cuenten con actores que no solo se preocupan por el ambiente, sino que se esfuerzan por hacer que la sociedad entienda la problemática y se acerque a ella, teniendo a favor su papel de divulgadores y mensajeros de esperanza y confianza en un mundo mejor ante el actual momento de desánimo e incertidumbre.

Marcha por la Justicia Climática. Año 2015

Ante este hecho social, la MESETI congrega en su actuar a las diferentes creencias que existen alrededor del sentido espiritual y material del ambiente para que mediante el intercambio de saberes y el diálogo, se promuevan acciones que sensibilicen y acerquen a la reconciliación con la tierra y su vínculo directo con los seres humanos, realizando actividades como caminatas, reconocimiento de los territorios y círculos de la palabra donde se conversa sobre las acciones que las diferentes organizaciones religiosas, étnicas y espirituales, llevan a cabo para combatir el cambio climático y preservar la biodiversidad y el buen vivir de la ciudadanía bogotana, además de entrar en discusiones teológicas sobre cómo cada religión entiende, piensa y siente el universo. En estos espacios y en la participación con la MESETI, se ha contado con creencias politeístas como las de pueblos Nasa y Misak, y diferentes cabildos de indígenas muiscas, espiritualidades no-teístas como el budismo y  religiones monoteístas como judíos, musulmanes, cristianos (evangélicos, anabaptistas, anglicanos, ortodoxos, fe bahai, católicos romanos, entre otros). Esta es la evidencia de que el cambio climático se debe combatir desde la pluralidad y la coexistencia.

MESETI ha hecho parte de iniciativas como el Seminario- Taller “Ciudad, Religiones y Cambio Climático” (2015), Convergencia “Fe y Clima: Aguas Sagradas” (2017), IRI – Iniciativa Interreligiosa para los Bosques Tropicales (2019), y se inspira en el Foro sobre Ecología y Religiones de la UNESCO- Andalucía (España) y GREENFAITH (Estados Unidos). Actualmente tiene sus esfuerzos concentrados en la COP26 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021), en la Iniciativa “Pueblo Sagrado, Tierra Sagrada” (Conócela aquí),  la implementación de la Declaratoria de Emergencia Climática para Bogotá y  el proyecto ‘Bacatá Hidrópolis’ un pacto de reconciliación con el agua de la Cuenca del Río Bogotá. Así mismo, espera contribuir con la Secretaría de Gobierno en puesta en marcha de la Plataforma Interreligiosa de Acción Social y Ambiental en el Distrito Capital y continuar generando alianzas con organizaciones ecuménicas que prioricen el tema ambiental y sean motivadores de nuevas conductas sociales e imaginarios culturales que impacten positivamente todas las esferas de la vida en este Planeta Azul que es la casa de toda la humanidad.

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